Ya no siento nada, ¿será que me alejé?
Cuando no sentimos nada, la fe sigue firme. La vida cristiana no se basa en emociones, sino en la fidelidad de Dios.
Cuando no sentimos nada, la fe sigue firme. La vida cristiana no se basa en emociones, sino en la fidelidad de Dios.
Dios dice que es pecado tener miedo excesivo a cosas del mundo en lugar de ser motivados y controlados por el temor a Dios. El temor a Dios no es un miedo como lo concebimos, sino es más un respeto amoroso y reverente ante Él.
Dios no escatimó a su Hijo porque era la única manera en que podía librarnos a nosotros. La culpa de nuestro pecado, el castigo de nuestra rebeldia, os hubieran llevado derechito al infierno donde lo único que hay de Dios ahí es Su ira. Pero Dios no libró a su propio Hijo; lo entregó para que fuera herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades, crucificado por nuestro pecado (Isaías 53.5–6).
Tenemos la extraordinaria esperanza de que Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y para limpiarnos de la maldad de nuestras acciones rebeldes contra Él, sin embargo, debemos de tener cuidado de ver este versículo (1 Jn. 1.9) como un versículo detergente que nos permite regresar a pecar.
Su primera venida está destinada a nutrir en nosotros un mayor anhelo por su segunda venida.
Una forma agradable de minimizar la tristeza es sentir que “Él cuida de nosotros”. Cristiano, no deshonres la religión teniendo siempre rostro preocupado, ve y entrega tu carga al Señor. Estás tambaleando bajo el peso que tu Padre no sentiría.
Él vino para cambiar la muerte en una entrada para el descanso de todos los que creen. No hay manera de enfrentar la eternidad, hasta que, como Simeón, nuestros ojos hayan visto la Salvación del Señor.