Cómo santifica el Espíritu Santo
Dios ha prometido que la obra santificadora que Él ha comenzado aquí en la tierra será terminada por Él en el cielo. Confía en la capacidad soberana de Dios para cambiarte.
Dios ha prometido que la obra santificadora que Él ha comenzado aquí en la tierra será terminada por Él en el cielo. Confía en la capacidad soberana de Dios para cambiarte.
Recuerda que Jesús sabía que Pedro lo negaría, pero por Sus oraciones la fe de Pedro siguió viva y creciendo y siendo una bendición para nosotros. La negación de Pedro me consuela demasiado porque se que todas las veces que he negado al Señor, Él está orando por mi y me está desafiando a enfocar mi amor en Él de todo corazón.
Las doctrinas gnósticas son enemigas del evangelio. Pero también lo es, y mucho, la actitud del gnóstico de parte del creyente que confía en que su pedantería secreta o pública tiene algún valor delante de Dios.
Casarte con la Biblia no es una búsqueda forzada. Mientras Dios nos llena con la vida espiritual y gozo que Él imparte a nosotros a través de Su Palabra, Él pondrá palabra en nuestra boca y hará nuestra comida más llenadera mientras la pasamos a los demás.
Esta compilación de artículos ha sido desarrollada con la intención de que el pueblo de Dios tenga una mayor comprensión del significado del fruto del Espíritu para que este entendimiento sea llevado a la práctica en su diario vivir y puedan ser transformados de manera progresiva para que la meta final sea ser conformados a la imagen y semejanza de nuestro Salvador, Jesucristo.”
Podcast con la colección de artículos en audio de la serie “El fruto del Espíritu es…” que nuestros colaboradores escribieron para nuestros lectores de evangelioverdadero.com. Esta serie ha sido desarrollada con la intención de que el pueblo de Dios tenga una mayor comprensión del significado del fruto del Espíritu para que este entendimiento sea llevado a la práctica en su diario vivir y puedan ser transformados de manera progresiva para que la meta final sea ser conformados a la imagen y semejanza de nuestro Salvador, Jesucristo.
El asesinato en masa es la razón por la cual Jesús vino al mundo de la manera en que lo hizo. ¿Qué tipo de Salvador necesitamos cuando nuestros corazones son destrozados por una pérdida brutal? Necesitamos un Salvador sufriente. Necesitamos un Salvador que haya probado la copa del horror que nos obligan a beber.
Una de las cosas más devastadoras que tiene lugar en la Iglesia es el deterioro de las relaciones entre creyentes. A veces aun una acción insignificante puede hacer que una persona se sienta ofendida. Si no se resuelve la ofensa, puede abrigarse la amargura. Y a la larga se quebrantará la relación entre esas personas.
Adoramos a un Dios grande. Él es soberano y poderoso. Estamos en Sus manos, y nada nos sucede por casualidad. Esas son buenas noticias. Pero en el dolor, si eso es todo lo que recordamos acerca de Dios, podría realmente empeorar el dolor, en lugar de mejorarlo. Podría pensar, como María y Marta (Juan 11:21, 32), “Señor, podrías haber detenido esto, y tú no lo hiciste a propósito. ¿Por qué? “La soberanía de Dios podría dejarnos más enojados que consolados.
La vida cristiana es una batalla constante contra el mundo, la carne y el diablo. Si estas fuerzas tuvieran su camino, destruiría a cada uno de los hijos de Dios comprados y amados. Pero nuestro Señor Jesús nos asegura que ninguno de aquellos por quienes Él derramó Su preciosa sangre se perderá. Nada ni nadie puede arrancar a un cristiano, ni siquiera al cristiano más débil, de las manos fuertes de nuestro omnipotente Padre Celestial (Juan 10: 29-30). Pero, esta gloriosa verdad no significa que nuestra vida cristiana no pueda ser perturbada, incluso profundamente perturbada por el mundo, la carne y el diablo.
Quiero llevarte de vuelta 20 años, cuando tenía trece años. Soy una hija de pastor en una habitación de hospital con mechones de pelo en la mano. Mis uñas están astilladas, y puedes ver el contorno de mis rodillas contra mis mejillas. Peso sesenta libras. La habitación huele a Lysol (desinfectante). Las enfermeras dicen que me estoy muriendo.
Hemos estado viviendo semanas muy difíciles como país, y durante este tiempo no sabía si escribir sobre el tema. Realmente, es muy difícil ignorar todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero no pude contener mi mente y corazón para decidirme a escribir. No vengo con palabras ásperas ni con mero conocimiento. He decidido bajar mi corazón al nivel del dolor que muchos están experimentando en estos momentos. Quizá no puedo estar presente en los lugares afectados ayudando físicamente, pero si unas palabras pueden traer una luz de esperanza y fe a algunos que estén sufriendo, entonces quiero ser un portador de estas virtudes.